NICOLAS RIDOUX
Por una vida mÁs frugal
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En el origen de la
grave crisis actual hay una nueva manifestación de
la desmesura, de la búsqueda infinita de
omnipotencia. Las empresas y entidades financieras
han estado persiguiendo obtener unos beneficios en
crecimiento perpetuo. En esta búsqueda incesa nte del
"cada vez más", los mercados existentes no bastaban,
y hubo que crear mercados incluso donde no existían.
Las consecuencias de todo ello en la economía real
serán por desgracia de amplio alcance, y afectarán
especialmente a los más débiles. Como consecuencia
de esta crisis, la mayoría de nuestros dirigentes,
antes neoliberales, de repente parecen haber
descubierto a Lord Keynes. Pues bien, ¿qué es lo que
Keynes nos dice? "La dificultad no es tanto concebir
nuevas ideas como saber librarse de las antiguas".
Debemos abandonar la ideología productivista, que
está desconectada del progreso humano y
social.
Se trata de
utilizar los beneficios obtenidos para que
todos puedan trabajar moderadamente
Eso es lo que
pretende el movimiento del "decrecimiento", que
propone una crítica constructiva, argumentada, pluridisciplinar, de rechazo de los límites que
constriñen nuestras sociedades contemporáneas, para
así poder liberarnos de ese "cada vez más". La
filosofía del decrecimiento trata de explicar que en
muchas ocasiones "menos es más".
¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo en
nuestros días? No estamos padeciendo una crisis sino un conjunto
de ellas: crisis ecológica (energética, climática, pérdida de la
biodiversidad, etcétera); crisis social (individual y colectiva,
aumento de las desigualdades entre las naciones y en el seno de
las mismas, etcétera); crisis cultural (inversión de valores,
pérdida de referentes y de las identidades, etcétera); a lo que
ahora se añade la doble crisis financiera y económica. Todas
ellas no son crisis aisladas, sino más bien el resultado de un
problema estructural, sistémico: cuyo origen está en
la desmesura, en la búsqueda obsesiva del "cada vez
más".
¿Qué se puede
decir sobre la crisis económica desde el punto de vista de
quienes somos "objetores al crecimiento"? Que nadie se
equivoque, porque decrecimiento no es
sinónimo de recesión. Tal como escribí hace
más de dos años: "No hay que elegir entre
crecimiento o decrecimiento, sino más bien entre
decrecimiento y recesión. Si las condiciones
ambientales, sociales y humanas impiden que siga el
crecimiento, debemos anticiparnos y cambiar de
dirección. Si no lo hacemos, lo que nos espera es la
recesión y el caos".
Ahora hemos entrado
en recesión, pero que nadie se confunda, no
en una sociedad de "decrecimiento". Para empezar, no
hemos cambiado nuestra organización social, y en la
actual organización todas las instituciones y
mecanismos redistributivos se nutren de la idea del
crecimiento. En una sociedad así, cuando el
crecimiento falta, la situación es inevitablemente
dramática. El decrecimiento es algo totalmente
distinto. Significa crecer en humanidad, esto
es, teniendo en cuenta todas las dimensiones que
con stituyen la riqueza de la vida humana.
El decrecimiento no es un
crecimiento negativo, ni propugna tampoco una
recesión ni una depresión; sería ridículo tomar
nuestro sistema actual y ponerlo del revés y de esa
manera intentar superarlo. El decrecimiento supone
que debemos desacostumbrarnos a nuestra
adicción al crecimiento, descolonizar nuestro
imaginario de la ideología productivista, que está
desconectada del progreso humano y social. El
proyecto del decrecimiento pasa por un cambio de
paradigma, de criterios, por una profunda
modificación de las instituciones y un mejor reparto
de la riqueza.
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Es claro que el crecimiento económico pretende
aliviar la suerte de los más desfavorecidos sin tocar demasiado las
rentas de los más ricos, para no enfrentarse a su reacción política.
En ese sentido, el decrecimiento pasa necesariamente por una redistribución
(restitución) de la riqueza.
En un mundo de recursos limitados,
las cosas no pueden crecer de manera indefinida. Por eso, "la
objeción al crecimiento" habla de la necesidad de compartir, el
regreso de la sobriedad, en particular para aquellos que
sobreconsumen. Hacemos nuestras estas palabras de Evo Morales,
presidente de la República de Bolivia, que el 24 de septiembre de
2008 afirmó en la Asamblea General de las Naciones Unidas: "No es
posible que tres familias tengan rentas superiores a la suma de los
PIB de los 48 países más pobres (...) Estados Unidos y Europa
consumen de media 8,4 veces más que la media mundial. Es necesario
que bajen su nivel de consumo y reconozcan que todos somos huéspedes
de una misma tierra".
Hay que acabar con la idea de que
"el crecimiento es progreso" y la condición sine qua non de
un desarrollo justo. El crecimiento es adornado por sus defensores
con todas las virtudes, por ejemplo en materia de empleo. Sin
embargo, como dijo Juan Somavia, director general de la OIT, en su
informe de enero de 2007: "Diez años de fuerte crecimiento no han
tenido más que un leve impacto -y sólo en un pequeño puñado de
países- en la reducción del número de trabajadores que viven en la
miseria junto con sus familias. Así como tampoco ha hecho nada por
reducir el paro". En efecto, los beneficios empresariales han sido
tan enormes que ni siquiera un crecimiento fuerte ha podido crear
empleo, de ahí la persistencia del paro. La recesión agrava
brutalmente este problema. Pero es ilusorio pensar que, para que
todo el mundo tenga trabajo, lo que hay que hacer es restaurar el
crecimiento económico y aumentar cada vez más las cantidades
producidas; esta sobreproducción no tiene ningún sentido, no
consigue el pleno empleo y, encima, compromete gravemente las
condiciones de supervivencia del planeta.
Volvamos a Keynes, aunque no el que
relanza las economías desfallecientes gracias a la intervención del
Estado, sino al que escribía en sus Perspectivas económicas para
nuestros nietos (1930) que sus nietos (es decir, nuestra
generación) deberían liberarse de la coacción económica, trabajar 15
horas semanales y tender a una mayor solidaridad que permitiese
compartir el nivel de producción ya alcanzado. No hacerlo así, según
él, nos llevaría a caer en una "depresión nerviosa universal".
La filosofía del decrecimiento hoy
dice que debemos trabajar menos para vivir mejor. No tener la mira
puesta en el poder adquisitivo (que a menudo es engañoso y reduce al
hombre a la única dimensión de consumidor), sino buscar el poder
de vivir. Se trata de cambiar la actual organización de la
producción y repartir mejor el trabajo: utilizar los beneficios
obtenidos para que todos trabajen moderadamente y todas las personas
tengan un empleo. Esta reorganización debe ir acompañada de una
revisión de las escalas salariales. No es aceptable que algunos
empresarios ganen varios centenares o miles de veces más el salario
de sus propios trabajadores.
Reducir la cantidad de trabajo
permitiría asimismo que pudiésemos llevar una vida más equilibrada,
que nos realizáramos a través de cosas que no sean la sola actividad
profesional: vida familiar, participación en la dinámica del barrio,
vida asociativa, y también actividad política, práctica de las
artes...
Un modo de vida más
frugal, que se tomara en serio los valores humanistas y tuviese en
cuenta la belleza, conduciría a producir menos pero con mejor
calidad. Una producción de calidad pide habilidad y tiempo, y
ofrecería empleos numerosos y más gratificantes. Supone no recurrir
sistemáticamente a la potencia industrial (exige sobriedad
energética) lo cual mejoraría la necesidad de fuerza de trabajo
(como se observa al comparar la agricultura intensiva, muy
mecanizada, gran consumidora de petróleo pero parca en mano de obra,
con la agricultura biológica). De esta manera, quizá también se
pudiese equilibrar mejor trabajo intelectual y trabajo manual, y
combatir al mismo tiempo la epidemia de obesidad que padecen
nuestras sociedades demasiado sedentarias.
Devolver el protagonismo a la
persona, restaurar el espíritu crítico frente al modelo dominante
del "cada vez más" y abrir el debate sobre nuestra forma de vivir y
sus límites, saber tomarse tiempo para mantener una relación
equilibrada con los demás, ése es el camino que propone la filosofía
del decrecimiento. Se trata de sustituir el crecimiento
estrictamente económico por un crecimiento "en humanidad". Es una
tarea estimulante, un desafío que merece la pena intentar.
- Nicolas Ridoux es
autor de Menos es más. Introducción a la filosofía del
decrecimiento
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